Un día más, no, un día menos. Ojalá fuera un día menos en la cuenta atrás de la vida, como cuando compras un yogurt y ya sabes de antemano en qué fecha te lo tienes que comer para que no te siente mal.
Quiero vivir la vida como un yogurt a punto de caducar. ¿Quiero, o ya la vivo así? Palpitante. Demandante. Amenazando con llegar a su fin. Pero no, ni yo soy una nevera, ni la vida es un puto yogurt. Aquí nos aguantamos sin saber la fecha, sin saber si ya hemos caducado.
Han pasado años, en concreto ocho. ¿Sabes para todo lo que dan tantos años? A mí me ha sobrado para destrozarme la vida. Podemos verlo así, o podemos verlo como aprendizaje.
Eso es lo que te enseñan a decir en una sociedad en la que suicidarte está peor visto que estar muerta en vida.
En estos años, si hay algo que he aprendido. Mentira. No podría resumir en un "algo" la tremenda paliza que me ha dado la vida. No he aprendido, he sido sometida. No es aprendizaje, es terror a la violencia con la que te paga la vida de vuelta con cada compartimiento que se salga de la norma.
También he aprendido que muchos de los valores que destaco positivamente en mi persona, no los encuentro fácilmente en el mundo.
Valentía. Honestidad. Comprensión. Lealtad. Generosidad.
Es difícil encontrarlos en el mundo.
Este último año ha sido demencial. Un cerebro humano no está preparado para procesar escenarios tan dispares en tan poco tiempo. Tantos pilares derrumbados. Tantas realidades consumidas en cenizas. Tierras completas, solidas y fértiles, arrasadas por la incomprensión y el egoísmo.
¿Soy muy inocente o es que realmente soy incapaz de imaginar escenarios tan crueles? ¿Por qué siempre me preparo para momentos difíciles que podrían llegar, pero luego mi imaginación alcanza unos niveles tan irrisorios que ni en broma se acercan a la cruda realidad?
¿Cómo iba a llegar a imaginar mi inofensiva psique lo que se me venía encima?
Si tuviera que poner un título a mi vida, sería sin dudas "La superación del abandono". Así, como enunciándose, describiendo y previniendo. Como un estado perpetuo. No es el "superado", "superando" y ni mucho menos se le puede añadir un atisbo de positividad al título. Eso distaría demasiado de la realidad.
Y si en esta vida hemos hecho algo es aceptar la realidad, para luego no vivir en ella. Aceptada está, ahora yo elijo donde coloco la mente.
¿Cuántos abandonos más me quedan por vivir? Ya solo los espero, no me sorprenden. No los deseo, pero me pillan menos desprevenida. No los quiero, pero al esperarlos, a veces parece que busque que llegue rápido, pronto.
La ansiedad de la espera. El dolor del engaño. La soledad del amor.
Desde el día que tuve consciencia propia, hasta (posiblemente) el final de mis días, me seguiré preguntando qué tan difícil es amarme.
La infinita incomprensión hacia mi persona que tienen hasta las que más de cerca me perciben, me sigue sorprendiendo.
Yo.
No soy tan especial.
Soy igual que mucha gente, pero soy distinta a ti.
Yo.
Soy objeto de análisis. El ajeno y el propio.
Pero en este tiempo solo una persona ha vuelto a verme. A verme realmente. A conectar, a sentir, a ser.
Para nuevamente dejar de ser, dejar de existir, dejar de ver, escuchar, oler o llorar.
El vacío.
El vacío siempre da paso a lo que más miedo da. Aceptar que no eres suficiente. Que se han dado cuenta. Que lo han visto, que lo han entendido.
No es que algo fallara, es que se dieron cuenta a tiempo. Justo a tiempo para huir. Uff casi se ven atrapados por ti.
Lee. Estudia. Analiza. Lee. Estudia. Analiza. Lee. Llora. Frústate. Analiza. Lee. Lee. Lee. Lee. Respira.
Aprender es un camino. Pero ojalá recogieras amor mientras lo recorres.
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